Cuando contemplamos una estrella fugaz,
dicen los que saben, ya está muerta.
Extraña circunstancia
contemplar la muerte de la belleza.
Una cruel paradoja
Morir antes de morir
Ofrecer una estela de muerte
a los afortunados.
¿Será así con el amor?
Lo contemplamos y ya está muerto.
Puede que sea recomendable y preventivo
no querer atrapar la estrella con las manos
Extraña circunstancia
contemplar la muerte de la belleza.
Una cruel paradoja
Morir antes de morir
Ofrecer una estela de muerte
a los afortunados.
¿Será así con el amor?
Lo contemplamos y ya está muerto.
Puede que sea recomendable y preventivo
no querer atrapar la estrella con las manos
por si se desvanece
1 comentario:
Da miedo pensar, querido Kike, que la muerte pueda embellecer algo, ella, tan intrínsecamente fea; pero es posible que sea así o sólo sea la miopía universal, la lentitud de la mirada. Así la estrella fugaz nos parece más viva y bella cuando está muerta, siempre según los entendidos, tan agoreros, tan poco imaginativos.
Ciertos amores, que ya murieron, los vivimos más intensamente tras su defunción, como fantasmas del sentimiento o personas que en vida ignoramos o no significaron demasiado, alcanzan una hermosura por desgracia demasiado postrera.
Quizás la memoria, o la historia, sean miopes y nuestros ojos demasiado lentos para la belleza. Ni que decir tiene que más lentas aún, en la mayoría de los mortales, son nuestras manos.
Nos queda la esperanza de que los muertos sean rápidos de vista y hábiles con las manos, porque lo que es seguro es que ya no necesitan gafas.
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